La 8ª Jornada de Seguridad del Paciente muestra una nueva forma de construir seguridad a partir de la experiencia real de profesionales y pacientes

Vall d'Hebron utiliza las reacciones adversas inmunomediadas como caso demostrativo para abordar un reto mucho más amplio: cómo reducir la variabilidad, anticipar riesgos y diseñar procesos asistenciales más seguros en escenarios de creciente complejidad. 

17/09/2026

La 8ª Jornada de Seguridad del Paciente, organizada por el Hospital Universitario Vall d'Hebron bajo el lema 'Seguridad compartida. El valor de todas las miradas', ha reunido a pacientes y profesionales de diferentes especialidades y ámbitos asistenciales para reflexionar sobre una cuestión común: cómo identificar mejor los riesgos del proceso asistencial y transformar este conocimiento en soluciones que faciliten una atención más segura, coordinada y centrada en las personas.

La Dra. María José Abadías, directora asistencial del Hospital, ha destacado en la inauguración de la jornada la necesidad de integrar la seguridad en toda la actividad asistencial e incorporar a los pacientes como participantes activos en la mejora de los procesos.

La Jornada y el proyecto que la sustenta han sido impulsados y coordinados por la Unidad de Seguridad del Paciente de Vall d'Hebron. El proyecto se ha construido como una iniciativa colaborativa, incorporando la experiencia de los pacientes y el conocimiento de profesionales de múltiples ámbitos asistenciales, junto con la colaboración de distintos equipos del Hospital.

Las irAE como caso demostrativo de un reto de seguridad mucho más amplio

El proyecto ha utilizado la atención a las reacciones adversas inmunomediadas (irAE) asociadas a la inmunoterapia como caso demostrativo. Las irAE reúnen muchas de las características de los procesos asistenciales complejos, ya que pueden aparecer en diferentes momentos y órganos, manifestarse inicialmente mediante síntomas poco específicos, implicar a numerosos profesionales y niveles asistenciales y requerir una respuesta rápida y coordinada.

El Dr. Cristopher Mazo, coordinador de la Unidad de Seguridad del Paciente, ha explicado que el propósito era "aprovechar un problema clínico real y complejo para analizar cómo podemos diseñar sistemas que respondan de forma segura cuando el paciente y el proceso asistencial no siguen un recorrido perfectamente predecible, y cómo podemos reducir la variabilidad sin perder la capacidad de adaptar la atención".

Comprender primero el problema: complejidad, riesgo y experiencia real

El primer bloque de la Jornada ha construido progresivamente esta visión desde diferentes perspectivas.

El Dr. Josep Tabernero, jefe del Servicio de Oncología Médica de Vall d'Hebron, ha situado el punto de partida en una oncología en rápida evolución, en la que los avances terapéuticos mejoran los resultados, pero generan también nuevos escenarios clínicos y nuevas necesidades de seguridad.

El Dr. Enrique Gallardo, oncólogo del Consorcio Corporación Sanitaria Parc Taulí, ha trasladado esta reflexión a la práctica clínica adecuada, poniendo énfasis en que la seguridad no depende únicamente de disponer de mayor conocimiento o tecnología, sino de tomar decisiones apropiadas, en el momento adecuado y orientadas a los resultados que importan al paciente.

Desde Farmacología Clínica, la Dra. Lina Camacho ha puesto el foco en la farmacovigilancia como herramienta de aprendizaje organizativo. Detectar y notificar permite conocer el problema, pero el verdadero valor aparece cuando esa información se transforma en conocimiento capaz de modificar y mejorar los procesos.

La Dra. Cristina Suárez, del Servicio de Oncología Médica de Vall d'Hebron, ha mostrado cómo las irAE pueden romper el circuito habitual del paciente y requerir la intervención rápida de otras especialidades, por lo que el problema deja entonces de pertenecer a un único servicio y se convierte en un proceso asistencial transversal.

El Dr. Ernesto Trallero, facultativo adjunto del Servicio de Reumatología de Vall d'Hebron, ha abordado uno de los retos derivados de esta transversalidad. Y es que disponer de profesionales expertos no es suficiente si no están claros los roles, canales de comunicación y mecanismos para compartir información y decisiones.

Raquel Álvarez, enfermera de Oncología Médica de Vall d'Hebron, ha destacado el papel de la enfermería en la detección precoz, el acompañamiento, la escalada de las situaciones de riesgo y la continuidad asistencial.

El bloque se ha cerrado trasladando el foco desde la organización hacia la experiencia real del paciente. Noemí García, enfermera supervisora y gestora de seguridad del paciente, ha conducido una conversación que ha permitido comprender qué supone experimentar un síntoma en casa, interpretar su importancia, decidir cuándo pedir ayuda, saber con quién contactar y confiar en que los diferentes profesionales implicados conocen lo que está pasando. Ismael, uno de los pacientes participantes, ha destacado el valor de haber recibido información que le permitió reconocer precozmente lo que estaba sucediendo y estar preparado para actuar.

Escuchar antes de diseñar

La segunda parte de la Jornada ha abordado una de las principales características metodológicas del proyecto: antes de proponer soluciones, comprender el problema desde las personas que lo viven y trabajan en él.

Aina Fuster, farmacéutica y experta en eHealth del Institut Català de la Salut, ha presentado los aprendizajes obtenidos en la sesión previa con pacientes. El trabajo permite identificar incertidumbre ante los síntomas, dificultades para valorar su gravedad, dudas sobre con quien contactar, esperas y situaciones en las que el propio paciente acaba actuando como nexo entre diferentes partes del sistema.

Roser Martín, enfermera supervisora y gestora de seguridad del paciente, ha presentado posteriormente el trabajo realizado con profesionales de distintas disciplinas. Se han identificado dificultades complementarias como la variabilidad en el conocimiento, roles y circuitos no siempre suficientemente definidos, dependencia de contactos personales, dificultades para compartir información y necesidad de garantizar el seguimiento hasta cerrar el episodio. Una de las ideas que ha sintetizado este trabajo es que el paciente no necesita hablar con más profesionales, sino oír que todos los profesionales hablan entre sí.

La Dra. Anna Sala, jefa de la Unidad de Innovación de Vall d'Hebron, ha mostrado cómo pasar de la empatía a la acción utilizando metodologías de cocreación capaces de transformar necesidades y problemas en oportunidades concretas de mejora.

El proyecto ha contado con la colaboración de la Unidad de Innovación de Vall d'Hebron, que ha trabajado con la Unidad de Seguridad del Paciente en el diseño metodológico, la preparación de las dinámicas y la transformación de los aprendizajes obtenidos en retos sobre los que poder construir soluciones. Esta colaboración representa en sí misma uno de los principios que la Jornada quería transmitir: la seguridad se construye cuando profesionales, pacientes y unidades diferentes ponen voluntariamente su conocimiento y experiencia al servicio de un problema común. Porque innovar en seguridad no significa necesariamente incorporar nueva tecnología; significa también observar de otra forma, cuestionar procesos, conectar conocimiento y construir nuevas formas de trabajar.

Innovar sin generar nuevos riesgos

El tercer bloque ha explorado diferentes palancas para construir seguridad, partiendo de una premisa común: cualquier innovación debe responder a una necesidad real y contribuir a reducir el riesgo o variabilidad sin generar nuevos problemas.

Clara Grau, responsable de Participación Ciudadana de Vall d'Hebron, ha explicado que incorporar a los pacientes implica ir más allá de pedirles la opinión: es necesario crear las condiciones para que su experiencia pueda influir realmente en el diseño y la mejora de los procesos.

El Dr. Francesc Pujol, del Servicio de Medicina Intensiva de Vall d'Hebron, ha utilizado la monitorización y detección del deterioro clínico para mostrar cómo la tecnología puede ayudar a anticipar el riesgo y estandarizar respuestas, siempre que los datos se conviertan en información útil para la toma de decisiones.

Por último, Alexandro Aisa, Healthcare Innovation Engineer de la Unidad de Innovación de Vall d'Hebron, ha abordado el recorrido necesario para convertir una idea basada en inteligencia artificial en una solución clínica segura: partir de una necesidad real, validar la tecnología, integrarla en el flujo asistencial y garantizar los requisitos éticos y regulatorios.

De una jornada a un proyecto de mejora

La Dra. Soledad Romea, directora de Calidad, Procesos e Innovación de Vall d'Hebron, ha cerrado la Jornada destacando "la importancia de escuchar y comprender al paciente y aprovechar el conocimiento compartido entre pacientes y profesionales ante un entorno sanitario cada vez más complejo y cambiante".

La actividad ha continuado por la tarde con un taller de ideación organizado en cuatro grupos multidisciplinares, en los que han participado conjuntamente pacientes y un grupo multidisciplinar de profesionales. Mediante una metodología de ideación y cocreación, los participantes han vuelto a recorrer el proceso asistencial, han profundizado en los puntos de mayor riesgo y variabilidad identificados durante el proyecto y han generado posibles respuestas desde perspectivas diferentes.

La información y propuestas obtenidas durante el taller serán ahora analizadas y estructuradas por el equipo del proyecto. Los siguientes resultados y fases del trabajo se comunicarán posteriormente, una vez finalizado este proceso de análisis.

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